José María Manzanares ofreció una gran tarde de toros en Barcelona el pasado día 18 de Julio. La tarde comenzó con una gran ovación a los toreros al finalizar el paseíllo. Los asistentes agradecían de antemano las intenciones de los tres espadas. Todos empujaban para que la tarde fuese redonda y es que cataluña está viviendo uno de los perores momentos de su vida taurina. Se enfrentan a la abolición, se enfrentan a la negación de la libertad y es por eso que salían banderas españolas y catalanas pidiendo toros.

Manzanares, torero adoptado y querido en la Monumental era consciente de la necesidad de una gran tarde y sacó sus mejores armas, la torería, el empaque, el temple, la estética, su espada… Todo fluyó con naturalidad. El sexto de la tarde, de Victoriano del Río, embistió con cadencia y temple. Lo demás lo pudo Jose Mari. Series ligadas repletas de empaque, remates toreros, tres circulares redondos clavando las zapatillas y emergiendo de una posición única, como si mientras giraba delante de la cara del toro estuviera flotando, el pecho en alza, las brazos arqueados, y una expresión que enloquecía al público. Un cambio de mano marca de la casa al primero, varios lances al segundo, una estocada, dos orejas…, una tarde para el toreo en Cataluña que se sintió agradecida con el torero alicantino.