Los seis toros de Manolo González parecían cortados por el mismo patrón. Y de ese lote tan parejo, el quinto fue de nota excepcional en la muleta. Alegre, codicioso, la tomó incansable y repetidor. Y con clase. Manzanares no lo dejó escapar. Repartida entre los dos pitones, la faena tuvo mucho empaque y ritmo por el izquierdo. Por el derecho, también muy toreado el bravo toro, tuvo un punto de mayor ligereza. En cualquier caso, trabajo consistente, de ideas y de torero maduro.

Los otros cinco toros, además de cinco gotas de agua, otros tantos capítulos copiados cada uno del anterior por su falta de fuerzas. El objetivo, tratar de mantenerlos en pie. Por mucho que César Jiménez ayudó al primero, no pasó de ser todo un intento. Mimó al cuarto, se sintió superior y logró torearlo bien en momentos sueltos. Los dos toros menos aptos fueron para Paco Ramos. Dos inválidos sin apenas futuro. A ambos les sonsacó los pases, arrancados uno a uno./VICENTE SOBRINO

 

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