Lucía el sol antes del comienzo de la tradicional Corrida de la Primavera de Brihuega pero poco duró la estabilidad meteorológica. Concretamente, hasta el segundo toro cuya lidia y muerte correspondía a José María Manzanares. Recibió al melocotón de Cuvillo luciéndose a la verónica, en el tercio cuando ya asomaban las negras y cargadas nubes.

Templó el alicantino la embestida del flojo animal y consiguió armar una faena por ambos pitones de temple y gusto cuando más jarreaba. Acabó con el toro de un gran estocada, pero tardó en caer y eso le privó de conseguir un mayor reconocimiento.

Antes de que saliera el cuarto la corrida fue suspendida. La lluvia seguía cayendo con tremenda fuerza y el ruedo quedó totalmente impractible.