Puerta de los Cónsules para un José María Manzanares pletórico, entregado y en uno de los momentos más álgidos de su carrera. Su toreo elegante y reposado, sin prisa alguna, ya se ganó al público francés desde el momento en que le endosó tres ajustadas chicuelinas al primero de su lote. Lo recibió en el tercio, a pies juntos y a pesar de su empeño en cuidarlo en el caballo, al colorado de Juan Pedro Domecq le faltó tanto empuje y clase como puso Manzanares sobre el albero, al servicio de un público de exquisito gusto. Tuvo que ponerlo todo él ante un toro que cuando embestía lo hacía descoordinado y con peligro. Jamás humilló. A pesar de los pesares, consiguió ligar algunas tandas con empaque y lo pasaportó de un espadazo sublime que le valió para cortar la primera oreja. En el tercio de banderillas se desmonteraron Luis Blázquez y Curro Javier.

El segundo de su lote se dejó, transmitió y Manzanares planteó la faena por abajo. Por escasas que sean las posibilidades de un animal, cuando caen en las manos dulces y dominantes del diestro alicantino hasta un coliseo romano se rinde. Ni si quiera el viento impidió lo que ya a mitad de faena parecía cantado. Cerca se lo pasó en un pase cambiado por la espalda para continuar con derechazos hondos y ligados, rematados con cambios de mano y pases de pecho que el público ovacionaba incluso antes de terminar cada tanda. Sabor a triunfo antes de que Manzanares armara su cañón. Lo recibió y le metió el estoque hasta la gamuza. Dos orejas de peso y la Puerta de los Cónsules abierta de par en par. El toreo en Nimes se sigue llamando José María Manzanares.