Inmejorable ambiente en la LIX Corrida Goyesca de Ronda. José María Manzanares hacía el paseíllo infiltrado y pese a la recomendación de los médicos de no torear por la lumbalgia aguda que arrastraba desde el pasado viernes.  Vestido de riguroso negro con un bordado entrelazado en cobre brindó la faena a su primer toro a Francisco Rivera en un emotivísimo gesto. El diestro alicantino se llevó el toro a los medios para dotar de grandeza a una actuación que cobró vuelo ante un toro de Juan Pedro Domecq basto de presentación pero con buen tranco. Ligó de forma muy suave tres tandas con la mano derecha. Por allí lo llevó con profundidad y calidad extraordinarias. Encajado, interpretó un toreo de muchos quilates. La estocada fue monumental y las dos orejas cayeron con mucha fuerza. En banderillas saludaron Curro Javier y Luis Blázquez.

Lucimiento capotero de Manzanares ante el quinto, un animal de Cuvillo que fue flojo y careció de transmisión.  En banderillas ya esperó por el pitón izquierdo pero resolvió de forma eficaz la cuadrilla. El diestro se fue a los medios para brindar al público de Ronda una actuación en la que el de Alicante estuvo muy por encima de la condición de su oponente. Crucial fue la labor de administración de los tiempos para después citar y empujarlo hasta el final del muletazo. El diestro tragó miradas y parones del toro de forma muy firme. Fulminante espada de nuevo. Oreja y grandiosa puerta grande.