La imposibilidad de condiciones de los de El Pilar anulan toda opción de lucimiento y triunfo.

El castaño segundo fue un toro que no humilló ni se entregó nunca. Llevó la cara por arriba siempre. Manzanares anduvo sereno, seguro y solvente, tratando de bajar la mano, algo que consiguió en alguna ocasión ante un animal deslucido. Fácil se mostró con la espada, cobrando una buena estocada en el primer encuentro.

Descastado y flojo fue el cuarto. Ante él, Manzanares lo intentó en una labor de más voluntad que lucimiento. Lo mejor, la estocada final. Tampoco fue en el sexto, otro animal descastado y deslucido ante el que el alicantino no tuvo ninguna opción. Lo mejor llegó en el tercio de banderillas con un extraordinario Juan José Trujillo y una soberbia estocada de Manzanares.