Crónica de Cultoro.- Don Fernando Gana Fama.

Cada uno tiene su fama. Luego hay días que esa fama crece o mengua, según la actuación de cada cual. En el caso del ganadero, según la actuación de sus toros al saltar al ruedo.
Los toros de don Fernando Domecq tienen fama de mansos, de vencidos, de febles y de que cualquier pintor de brocha gorda o gotelé le endilga tres y el de pecho. Son las cosas de la fama, de los sellos, de los sambenitos. Cómo serán para darle tres y el de pecho los toros de don Fernando Domecq que apenas si logró dárselos Talavante a los dos de mayor movilidad. Las otras figuras del cartel, ni eso.
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Le pasó al segundo, de más presencia por su cara tocada y su morrillo formado. Tras las tres o cuatro verónicas de Manzanares, el negro Zalduendo de don Fernando buscaba las tablas del lado opuesto. “Un zalduendo en toda regla”, decía el paisa del asiento contiguo. Cosas de la fama. Manzanares también hizo uso de su fama de buen matador.
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La tarde no rompía ni con el cambio de ganadería. “Si esto ya me lo sabía yo”, susurraba el jubilado a su señora. El quinto le dio la razón al señor y a los que dicen perrerías de los toros de don Fernando, el de Zalduendo. La nada. Salvo la espada de Manzanares, infalible.
Crónica de Mundotoro.-
Quien no tuvo nada que hacer fue José María Manzanares: un toro rajado y el otro absolutamente soso. Al menos los mató bien. El fracaso de la tarde pudo estar en la corrida de Zalduendo, cuyo problema radicó en sus bonitas hechuras. Porque poseerlas y no embestir, que apenas lo hicieron sus toros, no sirvió al público, bastante enfriado en su ánimo esta jornada vespertina.
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José María Manzanares no tuvo opción en toda la tarde. Apenas sí pudo sujetar al muy rajado segundo en una tanda en la muleta, pero en cuanto el de Zalduendo veía los adentros, se iba, imposibilitando la continuidad. Hábil a espadas. Tampoco tuvo raza ni apenas opciones el quinto del hierro titular. El astado se movió, cuando lo hizo, con genio y sin emplearse. Manzanares lo toreó lo mas limpio posible por ambos pitones y remató de un gran espadazo.