El de Cortés no se enceló en el capote de Manzanares en ningún momento. Lo lidió con mando pero pronto dejó  ver su intención de irse continuamente. En el caballo salió suelto y no se entregó. Manzanares se topó con un toro desclasado que no humillaba y que descomponía de manera constante la embestida. JMM quiso focalizar la faena en los medios pero el toro, que parecía incómodo, se violentó derrotando por arriba en cada muletazo. Andando con clase y elegancia, fue cambiándole los terrenos sin éxito. Manzanares dejó detalles de su torería que calaron en el público. 

 

Esta vez, Manzanares sí pudo estirarse a la verónica para recibir al de Victoriano Del Río, que pasó desapercibido en el tercio de varas y banderillas. JMM planteó una faena compacta en la que midió muy bien los tiempos para que el toro no se viniese abajo. Varias tandas en redondo llenas de plasticidad y clasicismo, dieron paso a templados naturales llenos de suavidad.

 El toro fue a menos y tocaba torear de uno en uno. La afición francesa disfrutó de la preparación de cada muletazo, que ovacionaba a Manzanares cada vez que este se cruzaba para seguir. Enlazó hasta cuatro circulares eternos que consiguió enganchar y soltar a un ritmo tan templado que parecía sacado de la cámara súperlenta. Estoconazo de libro y oreja de ley.