Manzanares recibió a la verónica al tercer toro de la tarde que redondeó con una media. Comenzó la faena saliéndose a los medios con torería. Cruzándose muy despacio, presentó la muleta para comenzar una tanda en redondo templado y con gran entrega. Siguió con la misma y volvió a torear con profundidad y temple, bajando la mano al de Cortés, que precisaba el mando que JMM ejerció sobre él. Con la izquierda molestaba el viento, pero pudo dejar naturales sueltos llenos de belleza. Para terminar la faena volvió sobre la derecha y siguió derrochando temple y empaque para terminar la tanda con un tremendo cambio de mano. Con la espada ya en la mano, Manzanares le pegó dos naturales de ensueño y un precioso pase de pecho. Una espectacular estocada fue el punto y final a una gran faena de Manzanares. Cortó una oreja.

Con un ramillete de verónicas recibió JMM al burraco cierraplaza. Manzanares llevó largo y muy por abajo al toro para, así, ir haciéndole y que este fuera a más. Creando cierto peligro, se metió por dentro en varias ocasiones, por lo que JMM fue sometiéndole y tapando esos defectos que tenía el animal. Planteó una faena sobre el pitón derecho que fue a más. Toreó con temple y torería al de Victoriano del Río, que exigía el poder que el de Alicante imponía en cada gesto. Fue dándole tiempos para que el animal le aguantara y que la faena tomara vuelo. Y así fue, cada tanda era una demostración de maestría de José María Manzanares que, con temple y torería, trazó muletazos largos y con gran profundidad que hicieron enloquecer al público. Una faena cumbre y muy templada que culminó con una buena estocada. La afición pidió las dos orejas con muchísima fuerza, pero el presidente tuvo a bien conceder un solo trofeo.