Lee las crónicas de las actuaciones de José María en El Puerto

FERNANDO CARRASCO (ABC)
Rotundo Manzanares
Antes del percance, había sido José María Manzanares, este año más tapado, quien se mostró rotundo ante el tercero, un bravo ejemplar de Cuvillo, con casi seis años, que tenía mucho que torear. El de Alicante anduvo bien con el capote. Luego midió al astado en el caballo y prologó la faena un extraordinario Curro Javier con los palos. El toro tenía carbón, se venía pronto y repetía. El Manzana anduvo en los primeros compases acoplándose, buscando el sitio, «aparcando». Pero cuando le adelantó la muleta los derechazos surgieron pletóricos, de un empaque extraordinario. Se gustaba el torero, que remató esa serie con un pase de pecho inmenso. Siguió por ese pitón y aunque no hubo tanta rotundidad, sí profundidad en los muletazos. Los remates por bajo, los cambios de mano, esa manera de citar dando el pecho… todo un compendio que llenó a aficionados y público. Por el izquierdo no fue igual, pero volvió sobre la diestra para cuajar otra serie de un altísimo nivel, rematando con un cambio de mano y el de pecho primorosos. Faena de altos vuelos, si bien faltó un punto más de ligazón. Pero la coronó con un estoconazo impresionante. Las dos orejas ganadas a ley. También debió la señora presidenta conceder la vuelta al ruedo al toro.
Mérito tremendo
El sexto toro fue un regalito, sin terminar de humillar y además sabiendo lo que se dejaba detrás. Le expuso mucho José María Manzanares, que aguantó una enormidad las miradas y parones. Insistió mucho y le arrancó series de un mérito tremendo. Faenón de coraje y rabia torera, de entrega total y absoluta, en la que prevaleció la verdad de la Fiesta, rematada con otro estoconazo.

EMILIO TRIGO Burladero.com

Manzanares recibió al cinqueño -el de más peso de la corrida- con empaque, jugando los brazos con suavidad, dando los vuelos del capote como si fuera el balancín de una amapola mecida por el viento. La misma garbosidad para llevarlo al caballo, con una gentileza muy torera. José Mari realizó una faena de imaginero con la muleta a modo de gubia, con la que talló una obra esbelta, estética, de las que llegan a toda clase de públicos, sobre todo en la primera mitad de trasteo.

El cambio de manos, ligando con el pecho, inolvidable al sacarlo para afuera. Pero luego el viento, sumado al aprendizaje del cinqueño, bajó la nota de la profunda actuación del alicantino. El toro empezó a quedarse con menos recorrido, aunque Manzanares prorrogó de la misma forma. Espadazo y dos orejas en faena de más a menos, sin embargo.

El sexto fue de esos orientados pero encontró a un Manzanares muy capaz y poderoso. Le plantó cara, sacó el valor que lleva dentro y se la jugó de verdad. Se hizo presente la emoción, la conjunción en su muleta y la expresividad del alicantino. Otro espadazo y oreja a ley. Además José Mari tuvo la hombría de salir andando camino de la enfermería, dejando atrás la Puerta Grande, lo que fue toda una lección de compañerismo y torería.

CARLOS CRIVELL (El Mundo)

La cumbre maravillosa fue la lidia del tercero, toro bravo, encastado y repetidor, que fue la piedra sobre la que esculpió Manzanares una obra genial. Ese toro, que mereció sobradamente la vuelta al ruedo, uno más de Cuvillo, se encontró con el mejor Manzanares, que puede haber encontrado el sitio que parecía perdido.

Toda la lidia del tercero fue un prodigio que llenó de gozo al los buenos aficionados. Las verónicas de José María rebozaron estética y lentitud. Los recortes para llevarlo al caballo, monumentos del buen gusto. Picó con clase Chocolate a un toro bravo. Curro Javier colocó dos pares sensacionales asomándose al balcón. Trujillo lidió de manera maestra. Y el jefe culminó la lidia con una faena de retazos maravillosos que remató con una estocada en el hoyo de las agujas.

Manzanares recuperó su estilo. Hacía falta porque toreros tan buenos no pueden quedarse a medias. El comienzo por bajo, excelso, señorial, jugando cintura y brazos en armonía. Casi toda la faena se cimentó sobre la derecha en tandas de cuatro o cinco muletazos con cadencia, casi a cámara lenta, componiendo la figura en imagen de menor ballet clásico. Fue una faena de clamores, sentimientos muy bien expresados y respuesta popular de júbilo por la belleza de cada pase, bien por la derecha, por trincherillas o los de pecho.

Por el lado izquierdo no fue lo mismo, no se sabe si porque el animal se quedaba más corto o porque el torero no le llevó largo. Aún quedaba lo mejor: la estocada. Es posible que sea una de las estocadas del año. Fue la culminación de la lidia de un gran toro por una cuadrilla perfecta que tenía un director de orquesta que ha encontrado el ritmo de nuevo.

El sexto se lidió bajo la impresión de la cornada. El de Alicante toreó sobra la diestra –la izquierda era imposible– y realizó un esfuerzo para completar su tarde. Pudo robar pases sobre la diestra de buen corte en una labor meritoria. La espada, contundente, dio paso a otra oreja.

Gran tarde de Manzanares en El Puerto de Santa María (COPE)

José María Manzanares ha protagonizado una gran tarde de toros en el puerto de Santa María ante un encastado y noble toro de Cuvillo lidiado en trecer lugar, con el que el alicantino hizo las declicias del público tabto con la capa y muleta armonizando una artística faena que remató de una gran estocada concediéndosele las dos orejas. Un apéndice arrancó de su segundo, ante un toro que fue desarrollando y que no propició el toreo artístico del diestro.

FRANCISCO ORGAMBIDES (Diario de Jerez)

Dos gigantes en el ruedo y un palco sin ninguna sensibilidad

Y Manzanares lo bordó, porque si cuajó a su excelente primero, toro rayano en la vuelta al ruedo que la Presidenta ostensiblemente negó con la cabeza, se creció con el complicado y peligroso sexto. De la tersura y temple, de la excelente labor que compuso con la franela en el primero, de puro arte, a la capacidad lidiadora y el valor sereno con el avisado y gazapón sexto. Dos orejas para el arte y una más para el valor y solvencia en el sexto de un torero que ha estado verdaderamente importante en El Puerto, además soberbio con el capote.


El Puerto, 7 de agosto por burladero_es