José María Manzanares mostró su mayor dimensión en la plaza de toros de Valladolid. Desplegó su toreo de calidad, su elegancia y su cadencia ante más de 11.000 personas. Lleno de ‘no hay billetes’ como pocas tardes se ha vivido en esta plaza. Tarde de sensaciones únicas y de toreo inigualable.

Manzanares bordó el toreo ante su primer toro de Núñez del Cuvillo. Se estiró a la verónica en el recibimiento de forma habilidosa y de bella composición a pesar de que el animal se quedaba corto. Añejo inicio muletero, por bajo y un trincherazo de gusto y compás. La faena con la derecha cobró vuelo. Y cuando parecía que su toreo no podía alcanzar cotas de más lentitud y templanza, se echó la muleta a la mano izquierda. Y con su magia y calidad hizo levantarse al público de sus asientos. Todos recordaban la enorme faena de Madrid cuando Manzanares se sacó de la chistera un cambio de mano que aún perdura. ¡Antológico! Mató de una gran estocada recibiendo, marca de la casa. Estampa torera momentos antes de caer el toro. Dos orejas. Se desmonteró ‘Suso’ tras dos pares de banderillas de muy torera ejecución.

Cuando José María Manzanares ya tenía la puerta grande asegurada tuvo que lidiar a un toro bruto, sin clase y con genio. En el saludo de capa dejó una media verónica de mucho gusto. Después, con la muleta, dominó al geniudo de Cuvillo mediante sedosos trazos. Templado y cadencioso de nuevo el diestro ante un animal que derrotaba al final de cada muletazo. Firmeza y suavidad ante un animal que transformó su brusquedad en mansedumbre y acabó rajado. De nuevo manejó la espada con solvencia y paseó otra oreja justo antes de abandonar la plaza de toros a hombros.

Gran puyazo de ‘Chocolate’ y a gran altura Rafa Rosa y Luis Blazquez que saludaron tras banderillear.