El Festival Internacional del Cante de las Minas, y por ende, el mundo del flamenco, homenajeó en la noche de este jueves al conocido torero alicantino José María Manzanares, a quien ha concedido el Castillete de Oro del Festival por considerarlo “uno de los máximos exponentes en la difusión de la cultura española, el mundo de los toros, y por ser un amante de lo jondo”.

La entrega del Castillete de Oro a Manzanares, que ha realizado el alcalde de La Unión y presidente del Festival, Francisco Bernabé, se ha presentado como el primer homenaje del flamenco a un maestro de la tauromaquia en toda la historia del Cante de las Minas, a dos géneros, el flamenco y el taurino, que tradicionalmente han estado vinculados, pero que este jueves se dieron la mano, según informaron fuentes de la Fundación Cante de las Minas en un comunicado.
El diestro alicantino, que no pudo contener la emoción por el premio recibido y por no poder torear actualmente debido a una lesión, ha afirmado que “el flamenco es el motor que me da la fuerza para seguir toreando, es una filosofía de vida, por eso me hace tanta ilusión este Castillete, para mí sería muy difícil ponerme a entrenar o a soñar una faena sin escuchar flamenco”.
Por su parte, Bernabé ha afirmado que el torero es “un amante del jondo como pocos, y esta distinción hace justicia”, tras lo cual ha apelado al orgullo de ser español por amar los toros y el arte jondo, destacando que Manzanares “está difundiendo la cultura española por todo el mundo gracias a la tauromaquia, y con ella siempre al flamenco”.
Toros y flamenco,
Dos aventuras del corazón,
Justo antes de la entrega del Castillete de Oro del Festival, el Salón de Actos de la Casa del Piñón ha acogido la conferencia ‘Toros y Flamenco, dos aventuras del corazón’, del escritor y periodista Antonio Parra, quien ha hecho un breve recorrido histórico por los orígenes de estos mundos tan relacionados y a la vez tan distintos que ha hecho las delicias del público asistente.
Así, Parra ha explicado que pese a que el mundo de los toros es más antiguo que el del flamenco, los aspectos formales de estos dos ámbitos se consolidaron a finales del siglo XVIII, para después encontrarse en los ambientes y cafés cantantes de mediados del XIX, sobre todo de Sevilla, que verían nacer al torero y al flamenco modernos, como arte y espectáculo a un tiempo.
“El torero es como un héroe moderno, el Cristo moderno que nos salva a todos de la aventura de la vida, en el sentido de jugarse la vida”, ha afirmado Antonio Parra, “al igual que el cantaor, que en un momento de mayor recogimiento, de intimidad, con los amigos, es cuando se aventura y se arranca, por ejemplo, con una minera”.