Manzanares se ha llevado el gato al agua en el mano a mano sostenido con Morante de la Puebla esta tarde en El Puerto de Santa María. Dos orejas paseó el alicantino, que sufrió una voltereta entrando a matar y que rivalizó en quites con el sevillano en el cuarto toro del festejo. Ese fue quizás el momento más emotivo de un espectáculo en el que el de La Puebla, con el peor lote, saludó una ovación.
Manzanares paseó la primera oreja de la tarde ante el segundo, un toro anovillado que se tapaba por la cara pero que causó las protestas del público de salida. Luego, tras un tercio de varas de puro trámite, el de Juan Pedro se movió bien y con calidad por el lado derecho, por donde cimentó su faena el alicantino en cuatro series destacables. Al natural toreó más despegado antes de matar de una gran estocada al volapié de la que salió el toro muerto sin puntilla.
Otro trofeo conquistó del buen cuarto, en el que el público pidió con fuerza la segunda oreja para el torero, que brindó su faena a Pepín Liria. Manzanares lo recibió con un manojo de estupendas verónicas que provocaron las palmas por bulerías del público. Lo llevó después hasta el caballo galleando por chicuelinas y Morante, percatado de la buena condición del astado, quitó por verónicas con el sello de la casa. El alicantino, espoleado por el sevillano, le replicó por tafalleras en el que fue el momento álgido de la tarde hasta ese momento. Luego, arrancó con la muleta por ayudados por alto, siguiendo la faena en los medios con cuatro series por el pitón derecho con el animal galopando bien en el engaño. Mató recibiendo después de citar al animal hasta cinco veces, dejando una estocada contraria y siendo volteado sin consecuencias.
Cerró plaza un toro bravo, exigente, que tomó la muleta con fijeza. Lo picó muy bien José Antonio Barroso e igualmente bien estuvo de nuevo Manzanares con la muleta, especialmente toreando por el pitón derecho, por donde ejecutó series de pases largos y templados. Mató de pinchazo hondo y estocada, saludando una ovación del público.
Vía Aplausos

La corrida se animó en el cuarto. Hasta ese momento, Morante había sorteado dos reses de escasa calidad y poco recorrido, mientras que Manzanares le había cortado una oreja al primero de su lote, toro de mayor movilidad, por una faena basada en la derecha con muletazos muy ligados y de mano baja. El cuarto pregonó de salida que era distinto por su alegría, fijeza y capacidad para humillar. Manzanares dibujó un ramillete de verónicas muy lentas de calidad excepcional, de las mejores que ha podido interpretar el de Alicante en toda su trayectoria. La majestad es lo que mejor define a estas verónicas.

El toro tomó una vara sin entrega, dobló las manos en el encuentro, y fue cambiado por el matador. De forma inesperada, en un gesto de elegancia admirable, le ofreció a Morante la posibilidad de hacer un quite. Y en la plaza de El Puerto se armó el escándalo y llegó la locura. Cuatro verónicas y media con la firma del torero de La Puebla. No cabe mayor belleza ni cadencia en el juego de brazos y cintura; todo muy despacio. La plaza entró en ebullición, la que provoca el toreo eterno. Replicó Manzanares por otro palo, cordobinas, con vistosidad. Ya no podía volver a la verónica. Morante había firmado el punto final de este lance en la tarde portuense.

Se movió bien el toro tres tandas de Manzanares. El diestro se mostró mucho más centrado que el día anterior en Colombinas. Con una mente lúcida le instrumentó los pases que tenía el toro. Soberbios fueron los ayudados por alto. Ligados y sentidos todos los que dibujó sobre la derecha. Menos brillantes fueron los que intentó sobre la zurda. El toro se apagó pronto, pero embistió muy bien. Quiso matarlo en la suerte de recibir, pero no se arrancó el de Juan Pedro. Se tiró a matar y resultó volteado de forma dramática. La espada cayó contraria y baja, pero afortunadamente Manzanares salió ileso. La colocación del estoque le restó premio, se supone, porque al público le hubiera gustado que le concedieran las dos orejas.

Con la salida del sexto se pudo comprobar que Manzanares se había llevado el lote. Lo lució Curro Javier en banderillas y llegó alegre a la muleta. Duró poco pero el torero, en una tarde pretórica, lo trasteó con buen oficio y toda la estética que posee su tauromaquia. Se vio sorprendido en ocasiones con la cara alta del juampedro, pero resolvió bien la papeleta.

Carlos Crivell en El Mundo