LUIS NIETO / EL DIARIO DE SEVILLA

El diestro alicantino, quien, al igual que su padre, ha conquistado a la afición sevillana, desgrana su carrera y el toreo, del que dice sentirse enamorado, “pese a que renuncias a amigos, familia y te debes abrazar a la soledad”
 
Su padre le legó la llave con la que abrir el cofre de la tauromaquia. Tras enredarse en los primeros años como matador, logró el tesoro: ese lienzo intangible del toreo. En la memoria del aficionado, todavía navega aquel charquito de emociones que creció bajo la lluvia: sensible faena grabada a fuego lento en la Maestranza. Ahora, mastica el toreo de salón con el alimento de la música de Alejandro Sanz, su amigo del alma, y del profundo Camarón. Hijo de su tiempo, torea al alimón con sus partidarios en Twitter. Giraldillo de Levante, abraza a Sevilla como su nueva patria. De momento, la imagen de Manzanares refulge junto al escote almohade de la Giralda y su luz de torería mediterránea se templa bajo el cielo sevillano en una mañana fresca. A lo Pensador de Rodin, vestido de far west, medita y dispara sus primeras palabras.
-¡Qué belleza! -se asoma al acantilado de la terraza del hotel-. Como mi padre, estoy enamorado de esta ciudad. La necesito.
-El percance de Utrera le ha supuesto una decena de operaciones en su mano izquierda ¿cómo vivió aquella tarde?, ¿se ha recuperado?
-(Observa una y otra vez su mano izquierda, envuelta en un protector color carne). Todo el mundo pedía el indulto. Yo sabía que no lo era. Hice un esfuerzo y todo salió al revés. Esperaba una o dos operaciones; pero diez, para nada. Tras la segunda operación tuve una infección y una úlcera en la parte superior del dedo gordo. A partir de ahí todo ha sido un calvario. Tengo fuerza, pero no suficiente movilidad en la última falange del pulgar. El problema es que no puedo hacer la garra para mantener la muleta, en caso de un derrote. Y a veces se me escapa.
-¿Está totalmente recuperado de la operación de espalda?
-No he tenido ni la más mínima molestia. Sí me dijo el doctor Trujillo que debo cuidarme mucho porque tengo otro principio de hernia en la L5-S1.
-¿Qué opinión tiene de su colocación en los carteles de la Feria de Abril?
-Estoy contentísimo. Tanto por estar presente el Domingo de Resurrección como en las otras dos tardes. Y el de septiembre también es un gran cartel. Lo especial es el Domingo de Resurrección, que junto a la goyesca de Ronda son las dos fechas que cuando uno empieza a ser torero quiere torear. Y para mí, Sevilla es especial en mi vida.
-¿Por qué la Maestranza tiene un significado especial?
-Porque aquí es donde más me siento. Siento que el respeto de la gente es inmenso. Con el toro complicado, el público está expectante hasta que rompe. Es un público con mucha sensibilidad, que capta todo rápidamente.
-¿Se siente muy próximo a Sevilla?
-Es donde la gente más cariño me tiene. Hacer un paseíllo en la Maestranza es un regalo de Dios. Tendré aquí una vivienda porque soy feliz con su gente. Es tanto el cariño que nunca podré pagarlo con nada. Cuando tenga hijos, quiero bautizar aquí a uno de ellos.
-¿Qué ha incidido más para que su toreo haya ido ganando poso?
-Creo que la experiencia. Hace que torees con menos presión. Al principio, para labrarte un camino, era todo muy eléctrico.
-¿Cuál es su meta?
-(Suenan las campanas de la Catedral que solemnizan la respueta) Mi sueño en el torero es llegar a la total naturalidad.
-¿Cómo incide la preparación física?
-Estar bien preparado físicamente te da mucha seguridad mental para resolver los problemas que te crea el toro y que de otra forma no lo afrontarías. Por las mañanas corro una hora; una tabla de media hora, abdominales y otra media hora estirando. En total, más de dos horas.
-¿Y el toreo de salón?
-Es imprescindible para perfeccionar tu toreo. Le dedico entre una hora y media y dos horas. Suelo hacerme dos toros. Se alarga mucho porque suelo torear muy despacio.
-Hasta llegar aquí, ¿qué etapas ha vivido en su carrera?
-La etapa de novillero fue corta. La recuerdo muy bonita. Fueron sólo 36 novilladas. Lo más duro fueron los dos primeros años después de tomar la alternativa. Aquello no iba para adelante. Mi entorno no era el adecuado. No estaba a gusto. Mi entrega tampoco era total. Y eso se notaba delante de la cara del toro. Fue la época más dura, de 2003 a 2006. A partir de entonces, cambié de apoderado, la preparación fue más intensa y me dediqué plenamente al toro. A raíz de ahí he subido cada año un peldañito más. Y cada año estoy más a gusto, la regularidad en los triunfos es mayor y todo ha ido a mejor.
-En aquel tiempo de dudas, ¿pensó en abandonar el toreo?
-No. Lo que pasa es que no me encontraba a gusto personalmente. Nunca pensé en dejar el toro.
-¿En qué momento se encuentra ahora?
-Estoy a un setenta por ciento. Me queda mucho por ofrecer. Tengo que mejorar mucho con el capote. Quiero torear con más naturalidad y disfrutar aún más delante de la cara del toro. Me quedan todavía muchas cosas por conseguir y por demostrar.
-¿Cómo se consigue el valor?
-Cada persona tiene un valor natural que le da Dios y hay que darle de comer con la mentalización, el espíritu de sacrificio y un buen estado físico.
-El miedo.
-Por mi parte, a lo que le tengo menos respeto es al miedo físico. Le tengo miedo a no poder dar lo que quiero dar.
-¿Y eso le atenaza?
-Al contrario. La presión me sienta bien. Yo soy mucho más feliz toreando en plazas importantes que en otras donde apenas haya algo en juego. Esos días tengo más miedo a que te salga ese toro complicado que no deje hacer nada. Entonces nace el miedo a la incertidumbre. Pero nunca me ha dejado paralizado en el ruedo.
-¿Cómo vive el momento previo a una corrida de gran responsabilidad, como pueda ser la del Domingo de Resurrección en Sevilla?
-El miedo se palpa sobre todo en la furgoneta, con la cuadrilla, en el camino del hotel a la Maestranza. Hay un silencio sepulcral. Sólo se oyen suspiros, respiraciones hondas. Nadie tiene ganas de hablar.
-¿Cómo digiere y vive los triunfos?
-Bien. No me fijo en las orejas. Para mí, el triunfo consiste en saber que he superado las complicaciones del toro y de otros elementos, como el viento. Si salgo contento me da mucha moral, como si me llenaran el depósito de gasolina.
-Los toreros, hasta la época de su padre, vivían esos éxitos con juergas grandiosas. ¿Qué hace usted?
-También nos damos nuestras vueltas y eso. Pero nada que ver. Yo soy incapaz de salir un día antes de una corrida. Me muero al día siguiente. Es como si fallara a mis principios. Antiguamente era diferente. Pero la competencia de hoy en día no permite distracciones. Considero que hoy se torea más perfecto; aunque antes, la mayoría de toreros tenían personalidades más acusadas.
-Hablando de competencia, ¿con qué toreros se motiva más?
-A todos los respeto y admiro, pero me encanta torear con Morante; soy seguidor de José Antonio. Me encanta El Juli por su entrega infinita, su ténica y su capacidad. A Talavante le tengo muchísima fe. Ponce, que me apoyó desde el principio, y que cuando comenzaba tuvo a mi padre como maestro; y ahora yo le tengo a él como maestro. Y de Finito me gusta mucho su concepto.
-¿Lo más duro?
-El sufrimiento es muy grande, pero compensa. Renuncias a tus amigos, a tu familia, a una vida normal de un chaval de 29 años, que son los que tengo. Te abrazas a la soledad y a tus pensamientos. Todo eso se multiplica en satisfacción cuando consigues lo que quieres.
-¿Cómo es su vida de recién casado?
-Llevamos muchos años juntos. Hemos salido desde que eramos estudiantes. Es una gran mujer, inteligente, que me ayuda a mantenerme equilibrado y con los pies en el suelo.
-La faena soñada.
-Nunca la hemos hecho y nunca llegará. La faena perfecta no existe. Sí, en cuanto a entrega y disfrute.
-¿Con cuáles disfrutó más el año pasado?
-Más que faenas, fueron tardes. La de El Puerto, sí fue buena en entrega y abandono. La corrida de Sevilla, de El Pilar, con el toro de Torrealta, complicado. No son faenas perfectas en técnica, pero abres tu corazón al toro, y te entregas tanto que te olvidas hasta del público. Esas faenas, en las que te olvidas de todo, son las sublimes.
-¿Quiénes han sido sus referentes?
-Todos. De cada uno saco lo que me gusta. La fuente principal es mi padre. Es al que más he admirado y quien más me ha gustado toreando. También Antonio Ordóñez, pero no he tenido suerte de verlo. Hasta del que está empezando. El otro día anuncié en el Twitter un tentadero y me encantó un chaval por su frescura. Sólo había toreado de salón. No tenía técnica, pero sí una frescura fantástica. Y eso me transmitió mucho. Era un chaval rubito, que no sé cómo se llama. Era de El Espinar.
-¿De qué manera influyó el ser hijo de una figura histórica?
-Al principio te ayuda mucho para estar en los carteles. Pero después fue una losa. La exigencia es mayor, las comparaciones me atenazaban, la presión de mantener el apellido… Poco a poco, con la madurez, lo he ido superando. Yo ahora sé que soy hijo de José María Manzanares, pero que tengo mis propios méritos, que he logrado crear mi historia y mi manera de interpretar el toreo.
-¿Se considera mejor torero que su padre?
-Para nada. Mi padre ha sido el mejor. Y todo lo que ha conseguido en el toreo me queda a mí mucho para conseguirlo. La manera de torear, con esa naturalidad, con esa profundidad… es que me pasaba horas viéndolo. Igualar a mi padre va a ser muy difícil; no digamos superarle. Con igualarle me sentiría satisfecho.
-Todo nace con su abuelo…
-Sí. Es un personaje con mucha personalidad. Tiene una personalidad muy fuerte. Es muy bohemio y lo vive todo con un romanticismo especial. Para mí, taurinamente, ha significado mucho. Aunque más para mi padre, que entrenaba con él.
-¿Qué tardes de 2010 continúan en su corazón?
-Las de Málaga, Sevilla, El Puerto, San Sebastián, Bilbao. Incluso hasta Utrera, aunque no fue para bien. El toro no era de indulto y para no hacer el feo al público continué.
-¿Qué tiene pensado para 2011?
-Quiero torear entre 50 y 60 corridas.
-¿Y algo especial?
-La lesión ha complicado mucho el tema. Pero quiero, con el tiempo, torear seis toros. Será un sitio donde me sienta a gusto.
Y a Manzanares, que no menciona aún la plaza para ese reto, le traiciona su mirada que, desde lo alto del mirador, salta en busca de la Maestranza.