Fuerte ovación tras aviso para Manzanares con el noble tercero, al que había cuajado en un estupendo saludo a la verónica. Cuidado en el caballo, el toro, noble, cogió la muleta del alicantino con buen son. Perfecto el giro y la presentación del engaño para ligar. Un cambio de mano fue interminable. Bien revestida la faena, barroca, pero emborronada con la espada. Era, por ritmo, encaje y eco, de dos orejas.

El sexto, que apuntaba buen aire, se lesionó en el tercio de banderillas. El sobrero, de Juan Pedro, bastito, sin raza y a menos, no sirvió para que Manzanares, que quiso sin poder, pudiera cerrar el ejercicio en triunfo. Pinchazo hondo y descabello. Palmas.