El viento condicionó las dos faenas de José María Manzanares en Nimes. Hasta que salió su primer toro, la corrida estaba siendo bruta y sin clase. Sin embargo, la primera oreja de la mañana cayó del lado de Manzanares.

Compuso dos verónicas de gusto que remató en el tercio del Coliseo con una larga cordobesa de mucho gusto. Las rachas de viento se llevaban con saña los vuelos de la franela pero estuvo firme e instrumentó una faena de clase y elegancia con un fondo importante de técnica. Comenzó genuflexo. Inicio con sabor al toreo de hace décadas. El animal no llegó a descolgarse en ningún momento, embistiendo de forma bruta y soltando la cara por momentos. Se lo metió en el canasto a base de correr la mano con suavidad y templanza, tanto por el pitón derecho como por el izquierdo. Por este último costaba más por el difícil dominio de la muleta pero hubo pasajes bellos. Tras un espadazo paseó la oreja.

Eolo pareció ordenar que se intensificara el viento cuando Manzanares se predisponía a torear al cuarto. En detrimento del arte, así fue. Pero el diestro se esforzó y dejó momentos de enjundia e pesar de la ingobernabilidad de los trastos. Primero con el capote dejó una media con aroma. Luego aprovechó los instantes de menor vendaval para tirar de la embestida del geniudo y bruto animal. Suavidad de Manzanares a pesar de los elementos. Mató de nuevo de gran estocada y el público francés premió su disposición y mérito con una fuerte ovación.