El público de Arles respondió con una gran entrada al cartel en el que estaba anunciado José María Manzanares. Ante un lote de Garcigrande que no presentó facilidad alguna, el diestro estuvo por encima, echando mano de oficio, calidad y, en el caso del segundo toro de la tarde, de mucha paciencia. Fue ese animal, herrado con el número 54, el que tardó mucho en emplearse. Reponía constantemente en los engaños del torero, gazapeando. Manzanares se colocaba con agilidad y eso permitió que por momento, la faena cobrara vuelo por el lado derecho. La calidad del alicantino permitió que el animal fuera empleándose hasta el punto de que acabó embebiendo y reduciendo las brutas acometidas del de Garcigrande. Lento y largo lo llevó al natural, rematando dos series con sendos cambios de mano que hicieron vibrar al público. Un molinete final y un pase de pecho en redondo, larguísimo, precedieron a una monumental estocada. Fuerte ovación.

En quinto lugar salió un colorado de Garcigrande que enseguida fue sustituido por el primer sobrero, del mismo hierro. Manzanares lo recibió con gusto a la verónica. Redució poco a poco su embestida briosa. Después de dos puyazos bien marcados por Chocolate, el alicantino, con la figura perfectamente compuesta le endosó dos series de derechazos de gusto y empaque. Reunido y armonioso hasta que el animal, que en todo momento intentaba sorprender, le propició una aparatosa voltereta. Manzanares, sin mirarse, volvió a la cara del animal para continuar una faena de poso, temple y gusto al natural. Destacaron dos pases de pecho en redondo que fueron laureados por el público francés.