Aquel que dijo aquello de que el cielo de las segundas oportunidades está lleno de los que nunca perdieron la esperanza, tendría que haber estado ayer en la plaza de toros de La Malagueta. Sobre el ruedo reinaba una sombra. Una sombra muy larga. La de la negación de la segunda oreja a Manzanares en su primer toro del pasado lunes. Y ayer se repetían parte de los protagonistas de la historia. En el palco, Ildefonso Dell’Olmo. Haciendo el paseíllo, de nuevo José María Manzanares. Es más, a este último se le entregaba el Capote de Paseo como triunfador de la pasada feria al comienzo del festejo.

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salió Manzanares a demostrar que él no se iba a ir de Málaga con las manos vacías. O con las puertas cerradas, mejor dicho. Lidió por verónicas de grandísima factura a su primero, un juampedro. Juan José Trujillo, recibió una gran ovación nada más agarrar el primer par de la tarde. Luis Blazquez, otros de sus auxiliares tuvo que desmonterar. Antes de que acabaran de parear al animal Manzanares ya tenía sus armas bien cogidas. Muleta y espada en la mano salió al ruedo a no dejar escapar la oportunidad. Con el toro en los medios ligó dos tandas de temple. De maestría y buen gusto. A menos que estuviera bien y matara adecuadamente, se vaticinaba que desde el palco se iban a resarcir del archicomentado episodio del lunes. Y así fue. A la gran faena se unió una gran estocada y el toro cayó redondo. Petición mayoritaria, tendidos blancos y dos pañuelos que cayeron a la vez. La puertas ya estaban abiertas, y por primera vez en la feria. Y las conciencias también quedaron tranquilas. Manzanares en su segundo toro también dejó detalles de calidad, pero esta vez el toro no daba tantas facilidades. Era torpón, con poca fuerza y muchas veces perdía las manos. Aunque le ponía voluntad y realizó pases de gran ejecución el toro las deslucía. Ahora eso sí, la estocada fue imposible de mejorar. MÁLAGA HOY
DIARIO SUR .- ANTONIO R. ROMERO
La puerta grande ‘Manolo Segura’ de La Malagueta se abrió por primera vez en la feria y lo hizo para que cruzaran el dintel dos diestros, Enrique Ponce y José María Manzanares, tras cortar dos orejas al tercero y al cuarto de la tarde. Con su actuación, ambos matadores han levantado un abono taurino que en los últimos días se había instalado en el tedio, el aburrimiento y el sopor por el mal juego de los toros. Ayer, el público salió contento y satisfecho con lo visto sobre el albero.
Una salida a hombros que ya se había ganado, con justicia, José María Manzanares, quien, así, pudo resarcirse de la decepción del lunes donde no pudo hacerlo por el criterio del palco. El triunfo lo consiguió en el tercero, un animal al que recibió con verónicas de buen trazo, en las que destacó la media y la revolera con la que cerró la serie. El animal manifestó su falta de fuerzas en el tercio de varas y de banderillas. Manzanares inició la faena de muleta con mucho temple y suavidad dándole confianza al animal; a partir de ese momento, el trasteo fue a más con tandas extraordinarias por ambas manos que hicieron crujir los tendidos. El diestro mató a ‘Versículo’ de una estocada de manual que, por sí sola, valía una oreja.
Con predisposición salió ante el último de la tarde, al que recibió con verónicas, chicuelinas y una revolera. En el caballo el animal derribó a Pedro Morales ‘Chocolate’. Un espejismo sobre su fuerza porque el animal era muy blandito. Manzanares intentó hacerle faena pero en el momento en que le bajaba la mano el animal rodaba por la arena. Además ‘Alucino’ cada vez se fue quedando más corto en su viaje y defendiéndose. Mató de una buena estocada.
LA OPINIÓN DE MÁLAGA
DANIEL HERRERA Málaga es una ciudad hospitalaria. Así reza en su escudo, así lo demuestran los malagueños en todos los ámbitos de la vida y, cómo no, en el tema taurino tampoco hay excepción. A lo largo de la historia siempre ha habido toreros que han gozado del beneplácito de la afición de la capital, hasta el punto de hacerlos suyos. Ejemplos hay muchos, por citar a los más cercanos El Niño de la Capea, Manzanares padre, Curro Romero o Joselito. De los de hoy, José Tomás, Enrique Ponce y Manzanares hijo.
Y no es que la faena del diestro alicantino al tercero de la tarde fuera mala, pero las sensaciones son las sensaciones. Bien con el capote, dejó tres excelentes verónicas. Lástima que el toro le pisara el percal en la media, pese a lo que terminó airoso con la revolera. Tras saludar Trujillo y Blázquez al parear (siendo buena no fue una tarde tan redonda para su cuadrilla) se fue a los medios para atacarle en redondo. Allí llegó pronto un derechazo larguísimo arrastrando la muleta y cerrando con una trincherilla. Con el público entregado a la elegancia de este matador, el conjunto perdió consistencia por el pitón izquierdo, por lo que tras dos series regresaba al derecho con circulares. Ante un toro noble, vimos una gran faena, pero esta vez no alcanzó las cotas sublimes de otras ocasiones. Eso sí, tras un final por bajo pasándoselo por los dos pitones dejó una estocada tremenda que hizo que el presidente Ildefonso Dell´Olmo sacara los dos pañuelos a la vez y quisiera zanjar de un plumazo las polémicas pasadas.
Se esperaba aún más en el sexto, pero esta vez no pudo ser. Variado con el capote, todo indicaba que la tarde iba a ser rotunda. Después, tras un buen puyazo de Chocolate, el burel comenzó a mostrar sus complicaciones. Su falta de fuerzas le ponía en el dilema de que si le bajaba la mano se caía, y si se la ponía alta protestaba. Le echó paciencia y se la pidió al respetable desde los medios; pero en esta ocasión sólo se puede reseñar que también mantuvo la compostura y la elegancia. Cerró con dos circulares y una nueva trincherilla con esencia antes de volver a tirarse al volapié con contundencia. Sin duda, es el rey de espadas del momento.
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Hoy sí, Manzanares ha abierto la puerta grande de La Malagueta después de una faena  a otro toro exigente de Juan Pedro Domecq. Lo recibió con unas bellas chicuelinas de mano baja rematando con una revolera. Ya con la muleta fue haciendo al toro poco a poco, que al principio era brusco en su embestida. Manzanares fue quitando esa brusquedad a base de temple y mano baja. Una muy buena tanda con la derecha fue lo que puso en órbita al público de que algo grande se acontecía. El toro por el izquierdo era muy mirón y aguantó Manzanares tirando mucho de él y trayéndolo muy tapado. Un gran estoconazo puso las dos orejas en sus manos.
El sexto y último de la tarde fue un animal que entraba midiendo y con la cara a media altura. El animal siempre protestaba al final de cada muletazo pegando un tornillazo. Se impuso Manzanares y el toro acabó rajándose y desluciendo la labor del diestro alicantino.
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 Enrique Ponce y José María Manzanares abrieron la primera Puerta Grande de la Feria de Málaga. Manzanares pudo así resarcirse tras la negativa de la segunda oreja del pasado lunes desorejando al que hizo tercero de la tarde, mientras que Poncerespondió con un faenón al alicantino, cortando también dos trofeos del cuarto. La corrida de toros de Juan Pedro Domecq, que lucieron divisa negra en señal de duelo por el fallecimiento del ganadero, ofrecieron buen juego en su conjunto y muchas posibilidades que los toreros pudieron aprovechar. Saltó en primer lugar, un toro que remendó la corrida, de Luis Algarra, de menos condición.
Gustó el saludo capotero de José María Manzanares por verónicas rematado con una media y una revolera al tercero de la tarde. Con la muleta destacó la ligazón de la faena y el entendimiento del toro que tuvo clase y nobleza pero justo de fuerza. Lo mejor fue el estoconazo final hasta la bola. Cortó dos orejas. Recibió al sexto con verónicas, dos chiquelinas y una revolera final. El astado derribó al caballo en el tercio de varas y tuvo movilidad y tranco en su embestida en el inicio de faena pero se rajó pronto. Manzanares lo intentó y volvió a dejar una gran estocada. Saludó una ovación.