Y es que hoy La Glorieta lucía como antaño, como en las grandes ocasiones; y aunque antaño sea habitualmente una expresión que mira muy atrás en el tiempo, es una pena que pueda aplicarse a tan sólo hace unos años, cuando al olor de las figuras se llenaba tarde tras tarde. Hoy ha sido como antaño y que nostalgia da contarlo. Como ayer, el mejor Manzanares, como siempre el mejor Pablo Hermoso y como es habitual, un notable Talavante. No como antaño, como hoy, dos toros importantes de Garcigrande en una corrida de expectación que no decepcionó, como antaño.

Manzanares cortó dos orejas del quinto. Sin mucha historia más allá de la media con sabor en el recibo al quinto. Sin embargo de lío gordo en la muleta, fijo y humillado por derecho, se venía de lejos con emoción a las telas del alicantino que lo llevó largo y templado con una estética sobresaliente. Por el pitón izquierdo los naturales llegaron ajustadísimos y al ralentí y los tiempos entre tandas fueron cruciales para una faena maciza rematada con una estocada recibiendo.
Por Mónica Alaejos (mundotoro)
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Faena para el recuerdo, y seguramente de premio, la de José María Manzanares al quinto de la tarde, Cuarenta de nombre, y que ofreció el mismo número de embestidas cadenciosas y emocionantes en la franela del diestro alicantino. Ya de capote gustó Manzanares, que templó y ganó terreno a la verónica para enjaretar una gran media sobre la boca de riego. Sobresaliente fue el inicio de faena, sin probaturas, citando de largo al de Domingo Hernández para encajarse sobre sus riñones y gustarse toreando sobre la mano derecha como pocas veces había hecho en anteriores ocasiones en La Glorieta. Naturales eternos de Manzanares, que tiene un don especial para componer su figura al paso del burel, torerísimo todo. Ni un sólo enganchón en una faena rebosante de empaque, vibrante y en la que se enroscó el excelente toro a su cintura en una serie de muletazos para recordar con la mano del dinero. Los pases de pecho con los pitones acariciando el fajín que anudaba su precioso terno sangre de toro y oro, para el recuerdo. Incansable y con recorrido el astado, que parecía pedir más faena, pero Manzanares consideró oportuno poner punto final con un espadazo en la suerte de recibir a la faena que Salamanca estaba esperando del alicantino desde hacía años. La abarrotada plaza se pobló de pañuelos y el espada paseó dos orejas con total merecimiento. En su primero no terminó de estar agusto delante de la cara de Rizoso, aunque extrajo alguna serie de muletazos enrazados por el pitón derecho. Faena breve frente a un toro con transmisión que fue aplaudido en el arrastre.
Por Toni Sánchez (burladero)
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