El toreo de José María Manzanares enamoró una vez más al publico sevillano. Feria de San Miguel, junto a Morante de la Puebla en la alternativa de Alfonso Cadaval con toros de Juan Pedro Domecq.

El torero de Alicante, muy querido a la par que exigido por la afición sevillana, bordó el toreo puro, el clásico, el templado y el bello. A su primer toro tuvo que cuidarlo mucho después de un fantástico recibimiento a la verónica. Consiguió naturales de mucho gusto, lentísimos. Largos los pases de pecho y fulminante la estocada previa a la concesión de una oreja.

Al quinto lo toreó, si cabe, de forma más parsimoniosa. Lento, limpio, pulcros los trazos. Estética, empaque y pureza por ambos pitones. Llegó una fea voltereta pero se sobrepuso para concluir con unas manoletinas que el público valoró. Esta vez la espada, en la suerte recibir, que poco suele fallar, le cerró la Puerta del Príncipe, pues habría cortado dos orejas con mucha fuerza.