Manzanares lidió con el capote a favor de su primer toro para corregir los defectos que acusó desde la salida. Venía siempre muy cruzado y había que marcar bien la embestida para así conducirlo correctamente. Tras la venia del presidente, JMM comenzó a torear en redondo con gusto y sobre todo con mucho temple. Con la izquierda dejó naturales profundos y pases de pecho magistrales. Sorprendió al público con un pase cambiado por la espalda para volver a la mano derecha con la que se vivieron momentos de auténtica pasión. No se podía torear más despacio y con más belleza. Los trazos que iba dibujando con la muleta parecían eternos y tras la estocada llegó la primera oreja. 

Lanceó por verónicas a pies juntos para recibir al cierraplaza para, después, abrir el compás con suavidad a la vez que el toro embistió al capote. Con la muleta en la mano derecha comenzó a torear con mucho empaque al de Daniel Ruiz, un animal que derrochó nobleza. JMM aprovechó los tiempos que el toro requería para salir de la cara del animal con esa torería innata que él tiene. Pronto llegó un precioso cambio de mano que hizo estallar al público. Con el mentón hundido, el diestro profundizó con ambos pitones para crear una faena que fue a más. Cuadró al toro, lo citó con firmeza y lo recibió con una grandiosa estocada. Las dos orejas eran de ley.