Ser figura es tener la capacidad de pegarle cinco lambrazos y una media al segundo con cadencia disparada, asentado compás y templado trazo. Como hizo Manzanares. Y también tener la seguridad pasmosa para saber construir la faena y soltar la precisión suiza de los vuelos de franela en una tanda de diestra mano y largo recorrido que culminó en cambio de mano de plástica explosiva. Pero ser figura es, también, quedarse en la cara tras el pinchazo para empujar el estoque con la mano y el alma.

Pero, sobre todo, ser figura es jugarse la vida sin trampa ante el mentiroso quinto, que pareció ofrecer almíbar en el fácil saludo capotero para agriarle el gusto después en los tornillazos criminales en que convertía los trazos. Se quedó Manzanares siempre colocado, siempre responsable ante la informalidad de una prenda que tomaba uno medio humillado para delinquir en el siguiente. Por eso la ovación tras la estocada, cuando Madrid reconocía el esfuerzo de una figura en la embestida torista de lo que llaman ‘comercial’. Por Marco Rocha para Cultoro.com
Recibió con gusto a su primero José María Manzanares con cinco verónicas y una revolera. En el turno de quites, entró en liza Alejandro Talavante por gaoneras. El toro tuvo movilidad y apuntó calidad en los primeros tercios. Faena a menos del alicantino que tuvo los pasajes de mayor interés al comienzo con un par de series en las que el toro repitió y Manzanares lo ligó con temple y profundidad. Sobre la izquierda el toro no tuvo la misma condición, siendo recriminada la colocación en el cite del alicantino. Mató de una estocada en dos tiempos en la suerte de recibir. El quinto, de nombre Guasón, tuvo guasa hasta decir basta. Complicado y desarrollando peligro fue este segundo del alicantino, que le plantó cara sin dar un paso atrás en una faena seria, profesional y responsable. Manzanares aguantó miradas, parones y gañafones que a punto estuvieron de alcanzarle en varias ocasiones. Tragó lo indecible el alicantino que tuvo que soportar los pitos de cierto sector del público que no valoró el esfuerzo. Mató de un certero volapié que dejó listo al toro sin puntilla. Aplausos
Apunte de Paco Mora .- Manzanares, en vena de torero grande con acusados ribetes de poder y de arte, ha sido el torero que tiene ilusionada a gran parte de la afición española, francesa y americana. Sus dos toros han tenido serias dificultades, especialmente el segundo, que José Mari ha resuelto con torería y valor de muchos quilates. Con la tizona continúa siendo el rey de espadas.
Qué gracia echó Manzanares en las cuatro verónicas y la revolera de saludo, y en el recorte con que dejó al toro en suerte. Tronío. Cómo sería que Talavante se timbró y se fue al quite por gaoneras apretadas y otro revol. Javier y Blasquez lucieron con los palos arrancando severa ovación. Tres derechas y pecho, tres derechas y un cambio de mano en redondo y otro de costado. Temple, ligazón, lentitud, largura, empaque. Quizá hubiese sido perfecto un poco más de reunión. De allí se prendieron algunos irascibles de la grada siete para entablar insidiosa querella, y ya no dejaron al alicantino en toda la corrida. Pero él muy quieto y muy majo continuó fiel a su credo que no es el de los arrimones, los barrigazos, ni las volteretas. Las tandas cortas, delicadas, a la medida del noble surgían asedas y compuestas aunque sin mucha hondura. Recibiendo, barrenó la estocada y la petición de oreja fue leve pero la estruendosa ovación ahogó los tres o cuatro pitos.
Aguantó y tragó, con el marrajo quinto que se le coló, le tiró hachazos y lo buscó. Siempre por la cara, serio, sin aspavientos le dio escoger entre su cuerpo y la muleta para arrancar las arremetidas aisladas y terminó con un volapié de alta escuela. Cómo está matando Manzanares. Dizque los artistas no son estoqueadores ¿Quién dijo? Que venga y vea este. Otra ovación, otro saludo y otras vez los tres o cuatro antis. Juan Carlos Antón para Burladero.com
Con cuatro estupendas verónicas y revolera inició Manzanares su actuación frente al segundo toro. Lo llevó dulce y preciosamente al caballo las dos veces sin hacer quite. Fue Talavante quien lo hizo firmísimo por gaoneras. Perfectos, como siempre, los peones del maestro. Se mascaba la faena. Silencio en Las Ventas. Y, de inmediato, el  estruendo de los oles de esta plaza cuando alguien torea como este superdotado por Dios. Dos tantas de redondos soberanos, interminables, catedralicios, ligados a de pecho y a un cambio de mano tramutado en dosantina. Los reventadores entraron en acción cuando Manzanares se echó la muleta a la izquierda y no le dejaron ligar exigiendo que se cruzara para cada pase. El toro no fue tan proclive por ese pitón. Pausa. Tres redondos más con el toro venido a menos y estocada recibiendo que quedó trasera por ejecutada en dos tiempos. Defectuosa pero valentísima. La verdad es que, los del 7 se cargaron el clímax justo cuando, por primera vez en la feria, empezábamos a disfrutar de verdad. ¡Qué mierda de plaza¡
Verónicas, delantales y un precioso remate de Manzanares en el en principio distraído quinto. Luego hubo que ahorrarle capotazos mientras Trijillo pareaba con excelencia. A Manzanares no le dejan ni buscar la colocación con la derecha. Y, de pronto, el toro se va a por él. Se libra por milímetros y, cuando lo intenta otra vez, sufre otro acosón. Aguanta incertidumbres del toro con la izquierda. Y sigue la murga que rompe en aplausos con una trinchera. Pelea de unos contra otros en los tendidos. Nuevo amago de cogida con la derecha. Manzanares siguió jugándosela para nada. No mereció la pena. Sí el volapié. Ganaron las grandes ovaciones que taparon las protestas de los eternos discrepantes. Por José Antonio del Moral
Manzanares tiene un problema en Madrid. Ha osado repetir este año apoteosis en la Maestranza y por acá estas cosas suelen pasar un recibo con altísimo impuesto sobre el valor añadido. Tal y como se barrunta el panorama, lo tiene crudo. Entre ponte aquí y vete allá, que sí, que no, que a la Parrala le gusta el vino, le aguardan con las del Veri. En otro momento, aquí mismo, en las Ventas, hubiera armado la escandalera haciendo exactamente lo mismo que hizo en el primer toro de su lote, el más bravo del lote enviado por el ganadero de la sierra de Madrid. Toreó con reposo a la verónica y principió la faena con una primera tanda ampulosa, ligada, quizá con una ligazón demasiado periférica, pero elegantísima, y continuó con varias series de bello trazo, celebradas por la gran mayoría del público y contestadas por la picazón cojonera que mosconea pinteando por los tendidos; no por nada, sino por incordiar al intérprete: ¡Que nooooó…! Se ningunea a Manzanares, que para eso es figura y estamos en Madrid. Citó a recibir y clavó en dos tiempos al encuentro. La ovación grande y los pitos chicos se mezclaron al saludar. El toro badanudo que se jugó en quinto lugar fue bravo, pero con matices. Trujillo clavó un par colosal y su jefe de fila creyó que las buenas embestidas del comienzo de faena iban a ser la tónica general de comportamiento. No fue así. El toro  tomaba bien el primer muletazo, se lo pensaba en el segundo y negaba el tercero. Tal actitud le costó a José Mari algún serio contratiempo, aunque no alcanzó la categoría de “tragantón”, y acabó aguantando parones y  la pertinaz intransigencia. El volapié fue de libro, digan lo que digan, y por sí solo valió la rotunda ovación. Por Fernando Fdez. Román para república.com