Manzanares se encontró con un castaño de fino pitón hasta la cepa, bajo y bociblanco. Muy sueltecito tras recogerlo en el saludo a la verónica. Sin fijarse en ningún capote, se movió a su libre albedrío: un puyazo en la querencia, otro al relance. No paraba el toro. El gran triunfador de la temporada lo tanteó en los medios semigenuflexo antes de enderezarse en una serie de derechazos en la que al toro le faltó un tranquito. En la siguiente le quitó el tapón y se lo echó por delante. La velocidad se redujo en la mano izquierda en una serie bárbara de cinco naturales y el de pecho; cuarto y cuanto despredieron una belleza inmensa. Ahí el toro empezó a cantar la gallina y a quererse ir, volviéndose al revés. Manzanares lo quiso enredar con la izquierda en una noria sin quitarle la muleta de la cara y sin darle importancia: el toro le tiró un pitonazo que no lo derribó de milagro. Lo cambió de terrenos y cerró sobre la mano derecha, abrochada con un cambio marca de la casa. Cerca de toriles, el toro echaba la cara entre las manos y escarbaba. Se lo sacó a la misma boca de riego y allí lo fulminó de un espadazo tremebundo. Como un rayo la estocada. Oreja.

José María Manzanares brindó el último toro de su gran temporada a su excelente cuadrilla. Quinto escaso para año tan enorme. De forma y fondo. No era el mejor material para decir adiós. Cortito el toro y amplio en el toque Manzanares para tratar de romperlo y despegarlo del suelo. No fue el sablazo el punto final adecuado para el mejor estoqueador del año: o resbaló o tropezó, pero la espada hilvanó la piel por los bajos para asomar por debajo del número. Y los consiguientes pinchazos. Hasta cinco. Ni en toda la temporada junta. Por Zabala de la Serna para El Mundo.es
 M.A. Hierro (Burladero.com)  […]Más abierto de palas y con menos fuerza salió el segundo, al que le costó empujar su buena embestida hasta el final en el suave capote de Manzanares, que remató con ralentizada media.
Lució atolondrado galope el toro en banderillas y transmisión cuando fijaba el objetivo. A los medios se fue Manzanares a por él para ahormar la informal embestida en línea recta. Y entonces lo rompió con la mano derecha en una mandona tanda en la que el toro ya no parecía tan informal. Tuvo estética y gobierno el trasteo del alicantino, que tiró de los lentísimos naturales de muleta muerta hasta que el toro se rajó. Pelín trasero cayó el cañonazo con la espada, y fulminante fue la muerte para cortar una oreja.
Menos toro era Farfonillito embestir. Estuvo digno el torero, que tropezó al matar y enebró la estocada, para, el quinto, que mostró codicia y humillación en el capote de Manzanares. Brindó el alicantino a su cuadrilla el último toro de la temporada. Le faltaba un tranquito final al desclasado Cuvillo, que fue acusando más a medida que avanzaba en firmeza la faena de Manzanares, hasta que terminó rehuyendo la batalla y negándose a luego no ver el sitio y pinchar varias veces y escuchar un aviso. Silencio.
Aplausos
José María Manzanares cortó una oreja del segundo, un toro bajo y bien hecho al que recibió con templados lances a la verónica. El de cuvillo, un manso encastado, llegó con movilidad al último tercio y eso lo aprovechó el alicantino para cuajar una notable faena llena de gusto, suavidad y empaque. Faena de menos a más que alcanzó su máximo en una tanda al natural extraordinaria, con largura y relajo. Mató de una gran estocada al volapié en los medios.
El alicantino brindó su última faena del año a toda su cuadrilla. Manzanares trató con suavidad y sin tirones a un toro noble, que tuvo buen son pero escaso motor. El alicantino trató de hilvanar faena pero se estrelló ante la poca transmisión del toro. Se eternizó con la espada.